Deslizó los pies en sus babuchas, tomó su jabón, su peine y su toalla y, cubriendo su desnudez con un albornoz, salió de su habitación con la intención de bañarse en el arroyo que había advertido la víspera.
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| Babuchas, usadas por los moros. |
Deslizó los pies en sus babuchas, tomó su jabón, su peine y su toalla y, cubriendo su desnudez con un albornoz, salió de su habitación con la intención de bañarse en el arroyo que había advertido la víspera.
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| Babuchas, usadas por los moros. |
Ada le muestra a Van los tejados de la casa:
Debido a una mezcla de imbricaciones de estilos y de tejas (difícilmente explicable en términos no técnicos a quien no sea un amante de los tejados), así como a un azaroso continuum, por así decirlo, de restauraciones y renovaciones alternadas, los tejados de Ardis ofrecían un laberinto indescriptible de ángulos, de volúmenes, de superficies verde‐estaño o gris brillante, de aristas pintorescas y de escondrijos a prueba de viento. Allí era posible abrazarse y besarse, y, en los intervalos, contemplar el Embalse, los bosquecillos, los prados, la línea de tinta china del una hilera de alerces que marcaba, a millas de distancia, el límite de la propiedad vecina, y las feas formas menudas de algunas vacas más o menos desprovistas de patas que pastaban en una colina lejana. Uno podía también sustraerse, detrás de cualquier resalte, a las investigaciones indiscretas de un mirón, o de un señor en globo tomando fotos.
imbricación.
1. f. Acción y efecto de imbricar.
2. f. Arq. Adorno arquitectónico que imita las escamas de los peces.
resalte.
Sigue el recorrido de Ada y Van por Ardis:
Ada no ahorró a su compañero la visita a los sótanos. Allí, un robot ruidoso y ventrudo infundía gallardamente su ardor en un sistema de tuberías cuyas arborescencias y meandros iban a desembocar en la inmensa cocina y en los dos lúgubres cuartos de baño, esforzándose lo mejor que podía en hacer la mansión habitable a los invitados en las festividades invernales.
ventrudo, da.
1. adj. Que tiene abultado el vientre.
meandro.
(Del lat. Maeander, -dri, y este del gr. Μαίανδρος, río de Asia Menor de curso muy sinuoso).
1. m. Cada una de las curvas que describe el curso de un río.
2. m. Disposición de un camino.
3. m. Arq. Adorno de líneas sinuosas y repetidas.
Lo que impropiamente se llamaba en el condado de Ladore las dependencias del servicio de la casa,
eran de una arquitectura bastante confusa. Una galería enrejada miraba al jardín por encima de su
hombro enguirnaldado y luego doblaba en ángulo recto hacia la entrada de coches. Ada, cuya lengua
se había inmovilizado de pronto, y Van, que se sentía mortalmente aburrido, siguieron ahora por
una elegante logia, iluminada por ventanas estrechas y altas, que les condujo a la Pérgola de Rocas,
una gruta artificial a la que se adherían, sin vergüenza, helechos naturales. La cascada, igualmente
"Es un espacio que funciona a modo de galería o pórtico, abierto en un lado con columnas y arcos. Se usó mucho en la arq. Italiana del SXV y SXVI. Podía estar en P.B. o en P. Alta".
Una vitrina que servía de jaula a todo un zoo de animalitos de porcelana (entre ellos el órix y el okapi), todos con su nombre latino, le fue especialmente recomendada por su encantadora pero pretenciosa acompañante.
Oryx es un género de mamíferos artiodáctilos de la subfamilia Hippotraginae, o antílopes con aspecto de caballo, compuesto por cuatro especies. La denominación vulgar del género alterna entre órix, órice, antílope órice o gacela órice.
El okapi (Okapia johnstoni) es una especie de mamífero artiodáctilo de la familia Giraffidae.2 Es el pariente vivo más próximo a la jirafa. Se le considera a veces un fósil viviente por su parecido con los primeros jiráfidos que aparecieron en el Mioceno. Vive en las tupidas selvas del norte de la República Democrática del Congo entre los ríos Uelle, Ituri y en las selvas de Aruwimi.En la planta baja, el salón amarillo, enteramente tapizado de damasco y amueblado en lo que los franceses llamaron en otros tiempos estilo imperio, daba directamente al jardín. En aquel momento, a media tarde, las anchas hojas de la sombra de una paulonia invadían el parquet, a través de la puerta vidriera.
Hasta aquel día Van no había conocido un caballete‐toallero, ni un lavabo sin bañera. Encima de éste había un espejo redondo, adornado con racimos de uva de escayola dorada. Una serpiente satánica circundaba la jofaina de porcelana (réplica exacta de la del cuarto de aseo de las niñas, al otro lado del pasillo). Un sillón de brazos, de alto respaldo, y una mesita con un
candelabro de bronce con asa y con platillo para recoger la cera (cuyo doble le parecía haber visto también reflejado en un espejo un instante antes; pero ¿dónde?, ¿dónde?), completaban la principal y peor parte del humilde mobiliario.
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| Escayola |